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En España el Suicidio es la primera causa de muerte no natural.
Piensa cuantos casos tienes a tu alrededor, habla de ello con tu gente de confianza y te sorprenderás.
¿Y si te pasa a ti?
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martes, 14 de junio de 2016

Reflexión de Anna Canet sobre el trabajo de los supervivientes y profesionales de la Prevención del Suicidio

NI ELLOS ERAN COBARDES, NI NOSOTROS SOMOS VALIENTES

Yo iba diciendo a todos los supervivientes que nos cuentan su historia, que luchan contra el estigma del suicidio, que son unos valientes… Hasta que me lo dijeron a mí...
Me quedé en blanco, simplemente me encogí de hombros, no supe qué contestar… No me reconocía en esas palabras.
Soy valiente para muchas cosas, sí, pero la valentía no entra en juego aquí. Porque yo no elegí este camino, me eligió a mí. No tengo elección. Porque hay una fuerza inexplicable que me mueve. Lo tengo que hacer, es natural, no me lo planteo ni sufro por ello, simplemente sigo adelante y doy lo mejor de mí. No veo otra opción.

Y creo que eso nos acerca a los supervivientes que nos dedicamos a concienciar sobre el suicidio a nuestros seres queridos que decidieron partir. Estamos como ellos, no vemos otro camino. Para ser cobarde o valiente tienes que poder elegir entre varias opciones. Cuando en tu mente solo hay una, ni te arriesgas ni dejas de arriesgarte, tan solo avanzas por esa única opción. No es una decisión consciente, sopesada, es un instinto. En nuestro caso un instinto de vida, para poder seguir adelante, para llenar ese vacío. Somos conscientes que ayudando a los demás nos ayudamos a nosotros mismos.
Las personas que piensan en el suicidio están sufriendo tanto que no ven alternativa a la muerte para acabar con ese sufrimiento. No son ni cobardes ni valientes. Nosotros tampoco escogemos este camino, es el único que vemos. No somos valientes. No vemos otra salida que trabajar para la prevención del suicidio y el apoyo a otras personas en duelo para atenuar nuestro dolor. Es una manera de superarlo y también de estar cerca de nuestros seres queridos porque los sentimos junto a nosotros en esta lucha.
Cuando recibes la noticia de que una persona querida se ha suicidado, te rompes en 1000 pedazos. No es una imagen, así lo sientes, así te ves. Poco a poco vas cogiendo fuerza para agacharte, recoger tus piezas y reconstruirte. Pero nunca volverás a ser la misma persona. Algunas piezas ya no te sirven, no hay manera de hacerlas encajar con tu nuevo yo. Y tienes que modelar otras para ir ocupando los huecos. Pero hay una pieza que no sabes de dónde sale, está ahí en el suelo, esperándote. Con tan solo mirarla sabes que es necesaria para completarte. Esa nueva pieza clave en tu nueva identidad, en tu renacimiento, es el compromiso con la problemática del suicidio.
Esa pieza se vuelve el eje central de nuestras vidas, nuestro corazón. Es un motor para seguir viviendo. Un motor movido por el amor y que procuramos que no se quede nunca en reserva, por ellos, por nosotros…